jueves, octubre 22

Volver de Pedro Almodóvar

Es cierto que la “Mala Educación” no me tocó profundamente. No era una mala película pero no superaba las sensaciones que “Hable con Ella” me había despertado. Volver, ha vuelto a despertarlas, a cuestionarlas, a conmoverlas. ¡Qué genialidad! Sin duda un gran cineasta pero sobretodo un humano profundamente humano. Completísimo. Eso es lo que más me gusta de los personajes que fabrica Pedro: no son seres sumidos a las normas sociales que les pretende buenos o malos. No. Almodovar me regala seres humanos completos, complejísimos.

Agustina, por ejemplo: mujer simple, de puebo —y sin embargo—, ni es hipócrita, ni reprimida; es una mujer sola, nada más eso... pero muchímo también.

Todas esas mujeres tienen fuerza: sus vidas son dramáticas, cada una atravieza o ha atravezado cosas muy fuertes: “Fui criado por mujeres... crecí escuchando a esas mujeres contar historias extraordinarias. Mis personajes están profundametne ancrados en la realidad incluso si pertenecen a la ficción”, dice Pedro.

Pedro dice que ha querido tratar la muerte, entonces viene a mi mente la imagen tenaz de aquél ataúd adornado con flores y seguido por una multitud de mujeres “envejecidas”, vestidas de negro, a quiénes siguen los hombres de cabellos blancos también de luto.

¿Cómo decirlo? ¡Qué película ha logrado Almodóvar!

Y cito:


“...leí el guión en un suspiro. El hiperrealismo de las primeras escenas te coloca en una situación de enorme tensión emocional. A la pintura hiperrealista se le ha dado este nombre porque no sabían en qué se diferenciaba exactamente de la realista. En este país hemos confundido desde siempre el realismo con el costumbrismo. La pintura flamenca es hiperrealista porque es fantástica, porque nos coloca en una dimensión de la realidad que nos permite extrañarnos de las situaciones más cotidianas. Una vez que Pedro nos ha colocado en esa situación del principio, que se resuelve con la aparición del fantasma en el maletero del coche, puede hacer lo que quiera con el espectador. Y lo hace. “Volver” es un juego de manos narrativo permanente, un artefacto prodigioso. Y nunca sabes dónde está el truco.

No hay en este guión frontera que Pedro no se haya atrevido a traspasar. Se mueve en la línea que separa la vida de la muerte como un funambulista en un alambre. Mezcla materiales narrativos de procedencias aparentemente incompatibles con una naturalidad pasmosa. Y cuantos más materiales añade, mayor es la lógica interna del relato...

No podía evitar, mientras leía “Volver”, evocar la lectura de Pedro Páramo. No tiene nada que ver la novela de Rulfo con el guión de Pedro, excepto en la naturalidad con la que ambos logran que convivan los muertos con los vivos; lo real con lo irreal; lo fantástico con lo cotidiano; lo imaginado con lo vivido; el sueño con la vigilia. Durante la lectura del guión, como durante la lectura de la novela de Rulfo, el lector tiene una sensación onírica permanente. Está despierto, desde luego, pero atrapado en un sueño, que es el relato que tiene entre manos. Lo curioso es que la novela de Rulfo es furiosamente mejicana del mismo modo que el guión de Pedro es furiosamente manchego...”


“Querido Pedro: El guión de tu nueva película me ha gustado mucho. Todo en él me resulta muy familiar, muy tuyo. Me recuerda al mundo de “Qué he hecho yo para merecer esto?!” Pero es menos barroco, hay en él una transparencia que nos sitúa de nuevo en ese mismo mundo, como no podría ser de otra manera, pero de una forma distinta, más poética, más sabia, más conmovedora. Es maravillosa esa mezcla de horror y de felicidad. Como si tus personajes supieran encontrar en medio del infierno, como quería Calvino, aquello que no es infierno, y se las arreglaran siempre para hacerlo durar en sus vidas. Esa mezcla tan tuya de candor y perversidad, que hace graciosas las cosas más tremendas y acierta a encontrar la belleza y la esperanza donde parece que no pueden existir, me parece una de las cosas más maravillosas de tu cine. Tu guión me ha recordado una historia que Tolstoi cuenta en algún lugar. Un pater visita uno de sus monasterios perdidos en las islas griegas y se encuentra con cuatro monjes. Descubre que no saben el Padre Nuestro y escandalizado se lo enseña. Luego se despide de ellos. Ya está lejos de la costa cuando ve algo que se desliza veloz hacia su barca. Se fija más y enseguida comprueba que son los monjes que acaba de visitar. ¡Y que vienen corriendo sobre el agua! Cuando le alcanzan le dicen que han olvidado la oración que acaba de enseñarles, y si se la puede repetir. Y el pater contesta conmovido que no tienen que recordarla, que ellos no la necesitan.

Así me parecen los personajes de tu película. Vienen a nosotros a pedirnos socorro, vulnerables y perdidos, pero lo hacen corriendo sobre las aguas. Ellos no se dan cuenta, pero es ese el extraño y maravilloso camino que siguen para llegar a nosotros. Y entonces, ¿qué podemos decirles? Que no importa lo que les pasa, lo que sufren, las cosas extrañas y terribles que les suceden, que nosotros no somos nadie para juzgarles. Aún más, que son ellos los que podrían juzgarnos a nosotros, aunque sabemos que no lo harán nunca, porque ellos no están obsesionados por la justicia sino por el amor. Y que lo mejor que pueden hacer es seguir siendo como son. Así veo este guión, como un cuento. En los cuentos hay cosas terribles: descuartizamientos, padres que quieren acostarse con sus hijas adolescentes, niños que son abandonados en el bosque, criaturas feroces que devoran carne humana... todo lo más extremo cabe en ellos, y sin embargo, al lado de ese horror, siempre aparece eso tan raro que llamamos inocencia. Es muy difícil de definir lo que es pero nada más fácil de identificar cuando aparece. Creo que el arte está para perseguir esa inocencia, que suele aparecer en los parajes más oscuros...”

NOTA: Este artículo fue escrito en el 2006 cuando la película Volver fue estrenada en Francia, pero no había pensado en publicarlo (en este blog) hasta ahora...






martes, septiembre 1

LE PROGRES

Lorsque j’étais enfant, le futur se rêvait rempli de technologies modernes : les dessins animés, les films, étaient imaginés pleins de machines capables d’accomplir toutes les tâches. Le futur s’imaginait enfermé dans des capsules volantes, dans des bâtiments hauts jusqu’au ciel, dans des espaces fermés. La nature dans tout cet imaginaire n’avait guère de place, elle était dépourvue d’intérêt. Vingt ans plus tard, tout avait commencé à devenir « vrai » ! Les nouvelles technologies se sont vite surpassées les unes des autres. De nos jours, la technologie nous semble capable de toutes les prouesses. Ces rêves d’autre fois, sont restés encrés dans le désir de plusieurs générations. Pour beaucoup d’entre elles, le progrès n’est possible qu’avec un grand coût écologique.

Mais qu’est-ce que le progrès ?

Le « progrès » nous semble appartenir uniquement aux pays riches, c’est pour cela que tous les pays en voie de développement se hâtent d’atteindre le même niveau dans ce paradis : ils se remplissent d’appareils et de machines de la « haute » technologie espérant se voir enfin libérés du leur statut de sous-développés. Mais rien à faire, les pays riches continuent à être riches et les pays pauvres continuent à s’appauvrir. Quel est le problème ?

Le système socialiste répondra à ma question en disant qu’il faut une meilleure répartition des richesses, que tous les habitants de la Terre aient les mêmes conditions de vie. Si la solution est que tout les gens du monde vivent de la même façon que vivent les gens de pays « développés », il nous faudra plus qu’une planète Terre pour pouvoir y réussir !

Pendant très longtemps, j’ai crû que seul le socialisme pouvait changer le sort de pays pauvres et de toutes les personnes appauvries de la Planète, jusqu’au jour où je me suis rendue compte, que le problème n’était pas la répartition des richesses mais la conception même de cette richesse.

Dans la ville où j’habite on fait construire le plus grand hypermarché de la région, les magasins de voitures se battent pour faire la plus grande vitrine d’exposition, on casse les grandes et anciennes maisons historiques pour y entasser à la place, de nombreux appartements et maisons de « ville ». A la place de deux anciennes petites écoles maternelles, on a fait construire une seule et très grande école : « Avant, dans les anciennes écoles, on arrivait à se connaître (entre maîtres et maîtresses) », m’avaient dit quelques enseignantes : « on savait qui était qui, on pouvait se parler. Maintenant que l’école est devenue trop grande, nous arrivons à peine à nous voir d’une extrémité à l’autre de l’école… ».

Voilà comment conçoit le progrès le Maire de ma ville. Il y a longtemps on avait fait bâtir ici, dans un vaste espace de forêt, « un paradis sur terre », l’endroit où l’on pouvait s’évader de complications de la ville pour se ressourcer de la magie de la nature. Le site est en ruines actuellement même en faisant parti d’une zone protégée. La vie dans mon village ressemble de plus en plus à celle des grandes villes : la circulation est trop importante pour l’infrastructure routière, car le nombre d’habitants a augmenté considérablement, en très peu de temps.

La plupart des gens qui nous gouvernent avaient grandis concevant le progrès éloigné de la nature. Il fallait construire beaucoup de voies rapides pour toutes les voitures qu’il fallait fabriquer et vendre ; il fallait faire des énormes bâtiments, supprimer les arbres et les forêts.

Ceux qui vivent dans les pays du tiers monde ont encore plus de mal que ceux qui vivent dans les pays développés, à comprendre et accepter, que nous nous sommes trompés de progrès, qu’on a mal conçu les richesses, qu’il faut tout refaire : il faut inventer un autre développement, il faut investir dans d’autres richesses.

Il y faudra réfléchir longuement car plus on « démocratise » toutes ces prétendues richesses, plus la dévastation des ressources devient incorrigible ; les rivières et océans commencent à manquer de poisson, des forêts entières disparaissent et avec eux, l’équilibre de notre écosystème. Beaucoup continuent à nier le lien entre la nature et notre survie, mais ce refus devient de plus en plus insoutenable face à tous les témoignages de tous les horizons du monde où notre empreinte écologique n’arrive plus à être dissimulée.

Après tout, avec tout ce développement, toutes ses grandes infrastructures, avec toutes ces technologies modernes, les pays riches n’arrivent pas à calmer le désespoir de leurs populations : les gens s’entretuent, se font du mal et sont malheureux ! Nous sommes envahis de choses inutiles qui nous distraient très peu de temps, le temps que les nouveautés deviennent accessibles à nos budgets, que tout le superflue se « démocratise ». Si au lieu de faire construire une seule et très grande école, le Maire de ma ville en avait fait construire une troisième à taille humaine, on aurait pu attendre que la qualité des rapports restent humains, que les enfants jouissent d’assez d’espace, de temps et de calme pour se rencontrer et pour apprendre ensemble.

La véritable richesse est liée à la nature, mais aussi à la qualité et à l’usage que nous faisons d’elle, des infrastructures et des nouvelles technologies. De toute façon, qui pourrait vivre sans une goutte d’eau ? L’eau douce est une source épuisable, nous le savons maintenant. Et nous, les Hommes et Femmes de la Terre, nous sommes liés à elle comme un bébé au cordon ombilical de sa maman. Nous ne pouvons pas couper ce cordon, nous ne pouvons pas nous séparer de cette Terre, du moins de notre vivant, mais nous n’arriverons pas à y tenir trop longtemps, si nous continuons à la vider de tout ce qu’elle pu nous offrir pour vivre et nous développer sainement et en harmonie avec elle !

EL PROGRESO

Cuando era niña, el futuro se soñaba lleno de tecnología moderna: los dibujos animados, los filmes, todo era imaginado lleno de máquinas capaces de cumplir todos los quehaceres. El futuro se imaginaba encerrado en cápsulas voladoras, dentro de edificaciones altas hasta llegar al cielo, en espacios cerrados. La naturaleza en todo este imaginario no tenía cabida, estaba desprovista de cualquier interés. Veinte años más tarde, todo había comenzado a volverse “realidad”. Las nuevas tecnologías se sobrepasaron rápidamente unas a otras. En nuestros días, la tecnología nos parece capaz de cualquier proeza. Esos sueños de otros tiempos quedaron marcados en el deseo de muchas generaciones. Para muchas de ellas, el progreso no es posible si no a través de un altísimo costo ecológico.

Pero, ¿qué es el progreso?

El progreso nos parece pertenecer únicamente a los países ricos, es por esta razón que todos los países en vías de desarrollo se apresuran para alcanzar el mismo nivel de “paraíso”: se llenan de aparatos y de máquinas de alta tecnología esperando verse en fin liberados de sus estatutos de países en subdesarrollo. Pero, nada qué hacer, los países ricos continúan siendo ricos y los países pobres continúan empobreciéndose cada vez más. ¿Cuál es el problema?

El sistema socialista me dirá que se necesita una mejor repartición de las riquezas para que todos los habitantes de la Tierra tengan las mismas condiciones de vida. Pero yo me digo que si la solución está en que todas las personas del mundo vivan de la misma manera en que vive la gente de los países “desarrollados”, necesitaremos más que un solo planeta Tierra para poder lograrlo…

Durante muchísimo tiempo creí que solo el socialismo podría cambiar el curso de los países pobres y de todas las personas empobrecidas del Planeta hasta el día en que me di cuenta de que el problema no estaba solamente ligado a la repartición de las riquezas sino y, sobretodo, a la concepción misma de riqueza.

En la ciudad donde yo vivo se está construyendo el más grande hipermercado de la región, las tiendas de automóviles compiten con frenesí para ver cuál de ellas llega a construir la mejor y más grande vitrina de exposición y de venta; se han echado a bajo las grandes y viejas casas históricas para amontonar en sus lugares, numerosos departamentos y casas de “ciudad” (a precios exorbitantes, cabe decir). En lugar de las dos antiguas escuelas maternales, se hizo construir una enorme y única escuela: “Antes, en las antiguas escuelas, llegábamos a conocernos (entre maestros y maestras)”, me habían dicho algunos educadores y educadoras: “Sabíamos quién era quién, podíamos hablarnos. Ahora que la escuela ha crecido tanto, a penas si llegamos a vernos de un extremo al otro de la ella…”

Es así como concibe el progreso la Alcaldía de la ciudad en donde vivo. Hace muchísimo tiempo, se creó aquí mismo, en un vasto espacio de bosque “un paraíso en la tierra”; era el lugar en dónde se podía evadir las complicaciones de la gran ciudad para cargarse de la magia de la naturaleza. El sitio está actualmente en ruinas incluso tratándose de un área protegida. La vida en mi ciudad se parece cada vez más a la vida de las grandes ciudades, la circulación es excesiva para la infraestructura pues el número de habitantes ha aumentado considerablemente en muy poco tiempo. La mayoría de gente que nos gobierna, creció concibiendo el progreso alejado de la naturaleza: hay que construir muchas vías rápidas para todos los automóviles que hay que fabricar y vender, hay que hacer enormes edificios, suprimir los arboles, los jardines y los bosques, ¡hay que llenarnos de tecnología moderna!

Quiénes viven en los países del Tercer Mundo tienen todavía mas dificultad, que quiénes viven en los países desarrollados, para comprender y para aceptar que nos hemos equivocado de «progreso», que hemos concebido la riqueza equivocadamente, que hay que rehacer todo de nuevo: se necesita inventar otro desarrollo, hay que investir en otras riquezas. Habrá que reflexionar profundamente en esto, pues cada vez que se «democratizan» las pretendidas riquezas, la devastación de los recursos primarios se vuelve fatal: los ríos y los océanos comienzan a carecer de pescado, bosques enteros están desapareciendo y con ellos el equilibrio de nuestro frágil ecosistema. Mucha gente continua negándose a aceptar que nuestra supervivencia está ligada a la conservación de la naturaleza, pero ese rechazo se hace cada vez menos sostenible frente a todos los testimonios de todos los horizontes del mundo en dónde nuestro impacto ecológico no consigue ya ser disimulado.

Después de todo, con todo ese desarrollo, con todas esas grandes infraestructuras, con todas esas tecnologías modernas, los países ricos no consiguen calmar la desesperación de sus pueblos: la gente se mata, se hace daño, son infelices… Estamos invadidos e invadidas de cosas inútiles que nos distraen durante muy poco tiempo, el tiempo en que las novedades bajen de precio y se vuelvan accesibles a nuestro presupuesto, es decir hasta que todo lo superfluo se “democratice”. Si en lugar de hacer construir una sola y grande escuela, el alcalde de mi ciudad hubiera hecho construir una tercera escuela de talla “humana”, hubiésemos podido esperar que la calidad de las relaciones humanas mejore, que los niños y niñas gocen de espacio suficiente, de tiempo y de calma para poder encontrarse, conocerse y aprender juntos unos con otras en armonía.

La verdadera riqueza está ligada a la naturaleza pero además, a la calidad y al uso que nosotros hacemos de ella, de las infraestructuras y de las nuevas tecnologías. De todas maneras, ¿quién podría vivir sin una gota de agua dulce? El agua dulce es una fuente perecible, ahora estamos seguros/as de ello. Nosotros y nosotras, hombres y mujeres de la Tierra, estamos ligados a ella como lo está un bebé al cordón umbilical de su madre. No podemos cortar ese cordón, no podemos separarnos de esta Tierra, al menos en vida; pero no podremos seguir así durante mucho tiempo si continuamos vaciándola de todo aquello que ella puede ofrecernos para vivir y desarrollarnos sanamente y en armonía con ella.

sábado, agosto 15

Le mystère de bébés


Dans la chronique « Savoir être » de France Info du samedi 15 août 2009 (1), la Psychanalyste Claude Halmos parlait d’un certain mystère des bébés. On croit que l’enfant arrive à l’âge de la compréhension vers les six, sept ans, lorsqu’il perd ses dents de lait. Cependant, Françoise Dolto (2) avait prouvé que le bébé était en mesure de comprendre lorsqu’on lui parlait. Par exemple, disait-elle, lorsqu’un bébé ne dort pas la nuit, au point de pousser ses parents à consulter un spécialiste, on va chercher à comprendre ce qui l’empêche de dormir. La cause trouvée, il faudra ensuite parler au bébé pour lui expliquer les causes et pour le calmer. Ainsi, même s’il s’agit de choses souvent complexes, expliquées de manière accessible, on peut arriver à libérer le bébé de son angoisse pour qu’il arrive à retrouver le calme de ses nuits.

On demandait ensuite à Mme Halmos, si ce n’était pas le calme que retrouvent les parents, ce qui rendait aussi le bébé calme. Elle répondait en disant que ce n’est pas forcement ainsi. « D’autres parents ont fait des expériences similaires », — racontait-elle —, par exemple, lors d’une sortie la nuit, papa et maman peuvent dire à son bébé : « Tu sais, nous sommes un peu angoissés à l’idée de te laisser cette nuit, mais nous savons que « Claudine » est très gentille avec toi, qu’elle sait prendre soin de toi et que tu passeras une superbe nuit avec elle, le temps que nous rentrions pour te retrouver endormi ». En conclusion, c’est le fait de parler ouverte et honnêtement au bébé ce qui lui amènera le calme et non l’imposition de choses inexpliquées.

Jusqu’où et comment les bébés arrivent à la compréhension demeure un mystère, disait cette psychologue. Ce mystère devient des plus mystérieux du fait que l’on part de la croyance que les personnes adultes arrivent toutes à la compréhension des choses. C’est-à-dire que, nous attribuons à l’âge adulte la capacité de comprendre. Pourtant, il n’y a rien de plus complexe que la compréhension humaine faite de codes compliqués et remarquablement abondants en nombre et en conceptions. Arriver à se comprendre, même entre personnes adultes est largement difficile. La compréhension des choses n’est pas une question liée à l’âge adulte, ni à l’âge tout court, mais à une certaine disposition qui dépend aussi bien de l’ouverture d’esprit que de l’envie. La compréhension n’est pas une chose innée, mais une qualité à développer au fur et à mesure que le temps passe, que notre vie et notre cerveau évoluent.

Ce mystère des bébés devient ainsi moins mystérieux, car il s’agit d’un autre apprentissage de plus, fait depuis l’enfance : la compréhension. Tout apprentissage est maîtrisable, surtout si l’on commence depuis la plus tendre enfance et si on le pratique le plus souvent possible… mystère résolu !

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(1) http://www.france-info.com/spip.php?article316168&theme=81&sous_theme=138
(2) Née le 6 novembre 1908 à Paris, Françoise Dolto exerce son métier de psychanalyste dès la fin de ses études de médecine et de son analyse personnelle (1939) jusqu'à un mois avant sa mort, le 25 août 1988. http://www.dolto.fr/multimedia/bibliographie.php

El misterio de los bebés


En la crónica “Saber ser” de France Info del sábado 15 de agosto de 2009, la Psicoanalista Claude Halmos hablaba de un cierto misterio de los bebés. Decía que se cree que los infantes llegan a la comprensión entre los seis y siete años, cuando pierden sus dientes de leche. Sin embargo, Françoise Dolto (1) había probado que los bebés estaban en la capacidad de comprender cuando se les habla. Por ejemplo, decía Halmos, cuando un bebé no puede conciliar el sueño, al punto de llevar a su padre y a su madre a consultar un especialista. Lo que se hará, será buscar las razones que impiden al bebé dormir. La causa encontrada, habrá que hablarle al bebé para explicarle, para calmarle. E incluso, tratándose de cosas complejas, explicadas de modo accesible, se puede llegar a calmar al bebé de la angustia para que pueda encontrar la calma necesaria para dormir.

Se pregunta entonces a la Señora Halmos si no es la calma encontrada por el padre y la madre, eso que logrará calmar también al bebé. Ella responde diciendo que no es necesariamente por eso: “Otras madres y padres han vivido experiencias similares, por ejemplo una noche en que han planeado salir: —Sabes, —hablándole a su bebé— estamos un poco inquietos de dejarte esta noche pero sabemos que “Claudia” es muy gentil contigo, que sabe cuidarte bien y que tú pasarás una hermosa noche junto a ella, el tiempo que nosotros volvamos a casa.”

En conclusión, es el hecho de hablar al bebé abierta y honestamente lo que le calmará y no la imposición de cosas inexplicadas. Hasta dónde y cómo llegan los bebés a la comprensión sigue siendo un misterio, termina diciendo la psicoanalista.

Ese misterio se convierte en algo tan misterioso porque se parte de la creencia de que las personas adultas pueden todas llegar a la comprensión de las cosas. Es decir que, se atribuye a la edad adulta la capacidad de comprensión y razonamiento. Sin embargo, no hay nada más complejo que la comprensión humana hecha de códigos complicados y notablemente abundantes en número y en conceptos. Llegar a comprenderse incluso entre personas adultas es sumamente difícil. La comprensión de las cosas no es algo ligado a la edad adulta, todavía menos, algo ligado a la sola edad. La comprensión de las cosas es una cierta disposición que depende tanto de la apertura de la mente como de las ganas. La comprensión no es algo dado, sino algo que se debe desarrollar a medida que pasa el tiempo, y que nuestra vida y cerebro evolucionan.

El misterio de los bebés se hace así menos misterioso pues se trata de otro aprendizaje más, hecho desde la infancia: la comprensión. Todo aprendizaje llega a ser dominado sobretodo si se comienza desde la más tierna infancia y si se le practica lo más seguido posible.

¡Misterio resuelto!

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(1) http://www.france-info.com/spip.php?article316168&theme=81&sous_theme=138
(2) Françoise Dolto: 6 de noviembre de 1908 – 25 de agosto de 1988. Médica, pediatra y psicoanalista francesa famosa por sus descubrimientos en psicoanálisis de la infancia. Participó junto a Jacques Lacan en la creación de la Escuela Freudiana de París.
http://es.wikipedia.org/wiki/Fran%C3%A7oise_Dolto

viernes, julio 31

« Planète Terre » en Solde


Mardi 28 juillet 2009.

Ce matin, on parlait sur France Info, des ventes mitigées des soldes d’été en France, en dehors – bien évidement – de la ville de Paris. Depuis que la crise financière a commencé à faire parler d’elle, toute information donnée sur l’économie insiste sur le faible pouvoir d’achat des Français. De mon côté, j’étais plutôt dérangée sur un point dont personne ne parlait en faisant référence aux soldes : les invendus !

Il y a très peu de temps, moi-même, j’avais fait le tour des magasins, voyant la grande quantité de vêtements à vendre qui demeuraient sur les penderies. Il faut dire aussi que ce n’est pas la première fois que je remarque tant d’invendus pendant la période de soldes ; je ne me crois pas tellement que cette histoire de crise et de pouvoir d’achat soit la vraie responsable. Mais allons, ce n’est pas ça qui me dérangeait autant ! Ce qui m’embêtait moi, était le fait de savoir qu’on avait produit en excès et que cet excès invendus serait bientôt remplacé par une autre quantité d’articles, également en nombre excessif, mais différents : la nouvelle collection. A n’en pas douter, une fois de plus, beaucoup d’articles resteront invendus et pourtant, on ne s’arrêtera de produire de plus en plus. Le système marchand suppose salutaire la production massive et refuse une grossière réalité : la dévastation de la Planète Terre, dans la recherche de matière première, la pollution pendant la production et, pour finir, la contamination due à l’excès de déchets… parce que même si tous les articles produits et mis en vente venaient à être vendus, qui et comment pourrait-on stocker autant de choses ? Après avoir rempli placards et étagères, caves, coins et recoins, qui aurait encore besoin de retourner faire de nouveaux achats de toutes les nouveautés, qui seront finalement vendues en soldes en fin de saison?

La production massive m’inquiète autant que la consommation massive. Beaucoup de gens me diront alarmés, qu’arrêter la production signifie laisser sans travail un grand nombre de salariés. Et certes, ils auront raison : ce système s’autodétruit constamment. Pourquoi sommes-nous toujours soumis à cette galère ? Il y a rien qu’on ne puisse faire ?

La destruction de sols fertiles due à la monoculture, nous a remmené à comprendre que la logique de production en masse et en excès, est nuisible pour la nature, nuisible pour les gens qui vivent de la production de leurs terres parce qu’elles terminent par devenir infertiles, nuisible enfin pour le consommateur qui fini par manger des aliments contaminés par des produits chimiques, qui ont favorisé la destruction des sols. Après avoir compris qu’aller contre la nature en pro du système de consommation massive, du marché, de l’enrichissement de quelques uns, est nuisible pour l’humanité, il surgit peu à peu et prend de la force – de plus en plus –, une nouvelle façon de cultiver la terre, une nouvelle façon de vivre du travail de la terre. C’est alors que j’ai pensé à toute ces personnes qui perdraient leurs emplois si on arrêtait de fabriquer toutes ces voitures dont on n’a entièrement pas l’utilité, tous ces vêtements dont plus personne n’a besoin, ni ne peut stocker, tous ces articles inutiles qui finissent tôt au tard dans les poubelles. Je me suis dit que ces gens là étaient comme les terres soumises à la monoculture : dépendants, incapables de s’adapter aux changements, aux besoins nouveaux.

Pourquoi spécialiser les gens à un seul métier ? Pourquoi ne permet-on l’adaptation en permanence aux nouveaux besoins qui surgissent chaque jour ? Après tout, la vie change, la nature change, les gens changent, les intérêts changent. Si le système de production était le reflet de la nature humaine, il serait indéniablement changeant, il s’adapterait aux besoins humains, au lieu des les y soumettre.

Voilà donc la clé du souci : nous vivons pris par un système qui lutte contre la Nature, qui ne travaille ni pour Elle, ni avec Elle. Manon, ma fille de huit ans, me disait ce matin : « Les gens devraient faire comme font les profs de ski : ils ne peuvent pas travailler en donnant leurs cours toute l’année, parce que l’hiver se termine. Le reste de l’année, ils font d’autres travaux. » La cohérence de ses commentaires me laisse toujours fièrement stupéfaite ! Imaginez-vous un instant, quelqu’un qui déciderait d’envahir la montagne de neige artificielle juste pour pouvoir conserver son travail de moniteur de ski tout au long de l’année. La neige artificielle existe, mais elle est si couteuse et si mauvaise pour faire du ski et, l’été est si bon et si chaud que personne – jusqu’à maintenant – n’a pu réaliser ce capricieux projet de ceux qui se sentent incapables – ou qui se voient dans l’incapacité – d’exercer d’autres métiers.

Tout ce que dont nous avons besoin pour sortir de la crise, est de nous adapter et de composer avec la nature, d’arrêter de nous imposer à elle. Il est urgent d’inventer un nouveau système, il nous faut inventer un autre monde, d’autres modes de production, de fabrication et de consommation, qui soient cohérents avec notre nature humaine, qui nous aident à renouer nos liens avec notre Planète Terre. Le système actuel est en crise ? Laissons-le mourir !

miércoles, julio 29

«Planeta Tierra» en Rebajas


Martes 28 de julio de 2009.

Esta mañana, escuchaba en el Informativo, sobre la poca acogida que han tenido los saldos en toda Francia, a excepción —evidentemente— de la ciudad de París. Desde que la ya tan nombrada crisis comenzó a hacer hablar de ella, toda noticia de orden económico no hace más que insistir sobre el escaso poder de compra de la gente. A mí, por el contrario, me molestaba algo de lo que nadie hablaba al referirse a los saldos: los «invendidos». Hace poco estuve yo misma dando vueltas por las tiendas, mirando cuánta cantidad de ropa quedaba en los estantes: muchísima. Valga decir de paso, que no es la primera vez que veo tantos «invendidos» en época de saldos; yo no me creo tanto esto de la crisis y del poder de compra. Pero vamos, no es eso lo que me molestaba. Lo que a mí me molestaba es pensar que se había producido en exceso y que ese exceso no vendido sería reemplazado por otra cantidad de artículos, igualmente en número excesivo, pero distintos: la nueva temporada. Seguramente otra vez quedarán muchos artículos sin vender y sin embargo, se seguirán produciendo más y más, cada vez más artículos de sobra. Pensé entonces en el sistema de consumo que supone saludable la producción masiva pero que relega una cruda realidad: la devastación de la Tierra en búsqueda de la materia bruta, la contaminación durante la producción y, para terminar, la contaminación debido al exceso de basura, de deshechos porque incluso si todos los artículos producidos y puestos a la venta se hubiesen vendido, ¿quién y cómo podría almacenar tanta cosa? Luego de haber llenado armarios y anaqueles, bodegas y rincones, ¿quién necesitaría volver a comprar tantas nuevas cosas que se venderán rebajadas en la próxima temporada de saldos?

La producción en masa me preocupa tanto como el consumo masivo. Mucha gente me dirá alarmada que dejar de producir significa dejar sin trabajo a un gran número de gente. Y tienen razón en esto: este sistema se auto-destruye constantemente.¿Por qué estamos siempre sumidos a esta encrucijada? ¿Acaso no hay nada qué se pueda hacer?

La destrucción de los suelos fértiles, gracias a la mono-cultura nos ha llevado a entender que la lógica de la producción en masa —y desmedida— es nefasta para la naturaleza, nefasta para quiénes viven del cultivo de su tierra que termina por volverse infertil, nefasta para el consumidor que termina comiendo alimentos contaminados en productos químicos que han aportado a destruir los suelos. Luego de haber entendido que ir contra la naturaleza en pro del sistema de consumo masivo, del mercado y del enriquecimiento de unos pocos, es nefasto para la humanidad, va surgiendo poco a poco, y cada vez tomando fuerza, otra forma de cultura de la tierra, una nueva forma de vivir del trabajo de la tierra.

Entonces pensé en toda la gente que perdería su empleo si se dejasen de fabricar todos los automóviles que no se necesitan fabricar, todas las ropas que nadie necesita o puede almacenar, todos los artículos inútiles que terminan en los basureros, y me dije que esa gente era como la tierra sometida a la mono-cultura: dependientes, incapaces de adaptarse al cambio, a necesidades nuevas. ¿Por qué se especializa a la gente en una sola labor? ¿por qué no se le permite adaptarse constantemente a las necesidades que surgen cada día? Después de todo la vida cambia, la naturaleza cambia, la gente cambia, los intereses cambian. Si el sistema de producción sería reflejo de la naturaleza humana, sería indudablemente cambiante, se adaptaría a las necesidades humanas, no les sometería.

Encontré ahí la clave del problema: Vivimos atrapados bajo un sistema que lucha contra natura, que no trabaja ni en pro ni con ella. Manon (mi hija de ocho años) me decía esta mañana: “La gente debería hacer como los profesores de esquí, ellos no pueden trabajar dando clases de esquí todo el año, porque el invierno se acaba. El resto del año trabajan haciendo otras cosas.” La pertinencia de sus comentarios siempre me deja estupefáctamente orgullosa u orgullosamente estupefacta. ¡Cómo tiene razón! Imagínense a alguien que, por asegurar su trabajo en el esquí, decidiera invadir la montaña de nieve artificial todo el año para poder ejercer “su trabajo”. La nieve artificial existe, pero es tan costosa y tan mala para esquiar, y el verano es tan cálido y tan bueno, que nadie —hasta ahora—, ha podido realizar el caprichoso proyecto de quiénes se sienten incapaces —o se ven impedidos— de ejercer en otros oficios.

Todo lo que necesitamos para salir de la crisis es adaptarnos a la naturaleza, no imponernos a ella. Es sumamente necesario inventar un nuevo sistema, necesitamos inventar otro mundo, otros modos de producción, de fabricación y de consumo que estén acordes con nuestra naturaleza humana, que nos ayuden a reanudar lazos con nuestro Planeta Tierra. El sistema está en crisis, dejémosle que muera.