jueves, mayo 22

En contra o a favor de la Interrupción Voluntaria de Embarazo

El rol de las mujeres en el mundo ha cambiado muchísimo; nuestras sociedades fueron (desde donde sabemos) dominadas por hombres. Así, las mujeres y los infantes fueron tomados y tratados como seres inferiores. Sus voces no fueron tomados en cuenta a la hora de decidir, incluso sobre aquello que trataba sobre sus propias personas. Una mujer no decidía sobre su vida, todo le era impuesto incluyendo el oficio y la maternidad. Haber conseguido el derecho al aborto, en muchos países, ha sido uno de los grandes logros en pro de la equidad y de la libertad de las mujeres. Dicho de este modo, no me cabe duda alguna de que estoy en total acuerdo con la IVE.

Sin embargo, muchos de los supuestos avances de nuestros tiempos están provocando en el mundo injusticia y sufrimientos. Frente a las crisis actuales, muchos políticos se han puesto en contra del renombrado Mayo 68, fecha que simboliza el tiempo de los grandes cambios en nuestra era. Esos mismos detractores de las Grandes Revoluciones del Siglo XX, promueven ahora el regreso a la moral y a los buenos principios. ¿Cuáles han sido los errores que nos han llevado al fracaso en lugar de a la felicidad y a la justicia?

Sigo creyendo que las sociedades totalitarias, conducidas con autoritarismo e intolerancia son sociedades injustas. Haberlas transformado no ha sido un error, el problema es que somos todavía sociedades demasiado inmaduras e irresponsables como para poder asumir los grandes cambios en pro de la libertad y de la justicia, no solo individuales ni solo sociales, sino tanto lo uno como lo otro.

El aborto en muchísimos casos se ha convertido en un método anticonceptivo banal. Cierto, no todas las mujeres han recurrido al aborto así como así. Para muchas mujeres ha sido un duro paso a seguir, el único capaz, en un momento determinado, de darle una solución a una problemática profundamente humana como lo es la de traer al mundo una criatura en circunstancias no favorables y sobre todo sin amor.

Pero en nuestras sociedades actuales todo se ha banalizado. A fuerza de ver matanza, sangre e injusticias en imágenes incesantes, la violencia se ha vuelto cotidiana. Los niños, niñas, jóvenes y adultos juegan a diario a matar frente a pantallas luminosas. Todo se ha vuelto banal, poco profundo. La relación de pareja ha sido reducida al contacto puramente sexual. El aborto, se vuelve el mejor método anticonceptivo en medio de sociedades hipócritas que en lugar de promover métodos anticonceptivos desde la adolescencia y, por qué no, desde la infancia, prefieren condenar a muchas de sus mujeres al embarazo no deseado.

No, la sexualidad no es un delito, y nuestras sociedades no lo quieren aceptar. La sexualidad es simplemente humana y debe ser tomada en serio, hablada y discutida en todos los círculos sociales comenzando por la casa. Nuestras sociedades niegan la sexualidad de sus individuos pero a la hora de vender y de comprar, el sexo abunda en las imágenes utilizadas. Así, la sexualidad queda reducida al morbo, a lo pecaminoso y a lo prohibido. Por eso, en lugar de aceptar el deseo mutuo, muchas parejas prefieren dejarse ir en un momento dado, en lugar de tomar las responsabilidades necesarias para que su acto de amor no produzca embarazos no deseados.

En estas circunstancias es difícil para mí ponerme a favor o en contra pues estoy tanto a favor como estoy en contra. Estoy a favor de la libertad de decidir sobre su propia persona. Pero estoy totalmente en contra de todo acto irresponsable que hace que una mujer y/o pareja, en lugar de utilizar métodos anticonceptivos, resuelva los embarazos no deseados con abortos a repetición.

Quizás alguien se atreva a decirme que abortar el número de veces que a una le parezca hace parte de su libertad personal. Estoy absolutamente de acuerdo. Pero toda libertad debe ser consecuente a nuestros actos. El aborto es una intervención compleja, en dónde la vida de una persona está en juego. Segundo, un aborto debe ser practicado durante las primeras semanas, cuando el feto todavía no es un bebé. Una mujer debe saber si quiere o no quiere tener un hijo y no esperar durante meses para decirse que no, cuando ya el feto se ha transformado en un niño.

En todo caso, creo que la mejor manera de prevenir un embarazo no deseado es aceptando la sexualidad como parte de todas las personas, sea cual fuere la edad. La educación sexual debe ser prioritaria. Quizás el gran cambio que deben lograr nuestras sociedades ahora, debe ser el de aceptar la sexualidad de los jóvenes y adolescentes. Se debe de abandonar la idea de virginidad y de mujer ideal, porque estas ideas han hecho que las mujeres latino-americanas se conviertan en unas mojigatas, es decir, mujeres incapaces de asumir su sexualidad. Hay que romper con la idea tonta de que la sexualidad solo les pertenece a las prostitutas. La sexualidad es un bien que nos pertenece a todos y a todas y debemos luchar para que este derecho sea respetado.

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Banal: Intrascendente, vulgar (común) o sin importancia.
Mojigata: Que muestra una moralidad exagerada o que se escandaliza con facilidad. Que aparenta timidez o humildad para lograr lo que pretende. «Mojo» significa gato; la repetición sirve para indicar que la apariencia mansa esconde una persona astuta y traicionera.

lunes, marzo 10

¿Qué es el Mercado?

En el mundo vivimos todos y todas sometidos a una economía de mercado que nos ha transformado en consumidores. Estos sistemas basan el éxito y la felicidad en el consumo a ultranza. Pero, ¿qué tiene de negativo consumir? ¿por qué es tan negativo el sistema de mercado?

Hace mucho tiempo se dividió a la humanidad en dos grandes grupos: capitalismo y socialismo. La derecha se suponde que defiende al individuo, mientras que la izquierda se supone va en pro de lo social, lo colectivo. Sin embargo, no me cabe duda alguna de que el ser humano es tanto SOCIAL como INDIVIDUO. Ambas particularidades nos son propias y tratar de disociarlas ha sido tan nocivo como absurdo. También el MERCADO está profundamente ligado a nosotros y nosotras, seres humanos. El sistema capitalista ha ido triunfando sobre el sistema social, porque se ha amparado de este bien que nos es indispensable.

Los seres humanos vivimos en sociedad pues nos necesitamos unos a otros y otras; no todos somos capaces, ni disponemos del tiempo necesario para crear todo aquello que necesitamos. Así es como, desde siempre, los seres humanos hemos intercambiado en sociedad: tanto ideas, como alimentos, vestidos, utensilios, etc. El mercado era el lugar donde la gente se encontraba; incluso Sócrates desarrolló toda su filosolfía en un mercado. Pero ese mercado del que les hablo era un lugar humano, donde quiénes producían algo se instalaban para venderlo.

Alguien muy observador, entendió la importancia de este medio de interacción humana y lo ha utilizado durante décadas para enriquecerse. Ese alguien se ha llamado capitalismo y ha convertido nuestro querido mercado en un enorme lugar dónde ya nada es vendido por quién lo fabrica, ni tampoco es posible el encuentro cercano entre seres que se necesitan mutuamente. Los enormes hipermercados que invaden cada vez más las regiones del mundo, han absorbido todos los bienes y han ido aniquilando poco a poco a todos los pequeños comerciantes. Los productos han sido estandarizados; ya casi nadie conoce las casi cien variedades de tomates, ni de maíz, ni de papas, ni de nada. La producción local está muriendo en pro de las importaciones de producciones a gran escala que destruyen tanto tierras como poblaciones.

Todos y todas compramos a diario algo para subsistir: necesitamos alimentarnos, vestirnos, educarnos, divertirnos. El mercado no es en sí algo negativo, como tampoco son negativos ni el individuo ni lo social. Lo negativo es la manera en la cuál los sistemas políticos y económicos se han servido ellos.

Mucha gente, por desconocimiento, cree que cambiar la realidad del mercado es una utopía. Sin embargo, las cosas pueden cambiar. No se trata de dejar de comprar ni de producir, se trata de volver a producir e intercambiar a escala humana, entre seres humanos.

Cuando vayas a comprar piensa en ayudar a los pequeños productores e incentiva la producción orgánica. Se trata de salvar la naturaleza porque es gracias a ella que en este planeta hay vida; si seguimos aportando al crecimiento del sistema de consumo masivo, seguiremos destruyendo el único lugar dónde es posible la vida humana: Nuestro Planeta Tierra.

domingo, marzo 2

La ignorancia es atrevida

La ignorancia es atrevida pero sobretodo PELIGROSA...
Haz click sobre el título de este artículo y toma el tiempo de mirar el vídeo.
El tema te concierne directamente.
Si no entiendes el inglés, dímelo, lo traduciré personalmente para ti.

viernes, febrero 8

The French Paradox

Una tarde, la madre de un amigo de mi hija, me preguntó si a ella le gustaban las hamburguesas. No sé, respondí. Asombrada me preguntó si nunca comíamos McDonalds. No, dije con ingeniudad. Esta fue la primera vez que me di cuenta de que, efectivamente, nunca habíamos llevado a nuestra hija a comer a un fast food. Poco tiempo después mi hija fue invitada a un cumpleaños en McDonald. Quizás no está mal de vez en cuando, seguramente pensamos, y la dejamos ir. Fue entonces que entré por primera vez a ese lugar. ¡Qué sucio es!, pensé. Pero lo que menos me gustó fue encontrar a mi hija metida en esas jaulas gigantes que han inventado para que los niños "jueguen".

Sin embargo, a pesar de eso, mi hija asistió a dos cumpleaños más. Poco a poco fui entendiendo que si nunca la habíamos llevado a un fast food era porque no nos gustaban: ni la comida ni el lugar. Lo mejor es que a nuestra hija tampoco le gusta. Como está acostumbrada a otro tipo de comida, a penas si probó lo que le habían servido en aquellas fiestas. De eso hace ya unos tres años. Ahora ella misma no quiere comer en McDonald ni en ningún otro fast food a la americana. ¿Cómo lo logramos? Pues les voy a confiar el secreto...

Puede parecer increíble y sin embargo es cierto: en Francia se come tan grasoso como en los Estados Unidos y sin embargo, la mortalidad a causa de enfermedades cardiovasculares, es tres veces menos elevada que en los EEUU. Esto ha sido descubierto por los mismos americanos y le llaman the french paradox. ¿Será el foie gras, el confit de pato, o el vino lo que nos protege? Es a la vez mucho más simple y mucho más complejo. Para la mayoría de americanos la comida es un simple carburante para el organismo. Nuestra relación a la comida en Francia es totalmente diferente, mucho más sofisticada, pues lo importante es la calidad y la variedad de los alimentos. Aquí cocinar es un placer, tanto como lo es degustar la comida e incluso hablar de ella. Los momentos a la mesa son lo más importante de nuestra vida en familia y en sociedad.

La comida familiar está anclada en las costumbres francesas: se come a la mesa y en familia, todos los días y a horas fijas (la mayor parte del tiempo) y dura al menos treinta minutos. Lo que va en el plato es sumamente importante. La mayoría considera la comida como el símbolo, el cimiento de la vida familiar. En Francia es muy importante ofrecer una buena comida a las personas a quiénes se ama. La cocina es, efectivamente, muchísimo amor. El equilibrio alimenticio es completo si hay armonía en la alimentación.

Y como cocinar es un gusto y comer un gran placer, ¿por qué iríamos a un lugar dónde hay mucho ruido y poquísima variedad? ¿dónde todo sabe a grasa y a azúcar, y el paladar no tiene el placer de sentir la infinidad de sabores que se pueden lograr al mezclar todas las delicias que no solo nutren pero que alegran la vida?

Ahora conozco muchísimas otras razones por las que no quiero comer McDonalds pero la más importante de todas es esta: NO ME GUSTA SU COMIDA. Como se dice en mi tierra: ¡Huácatelas!

Si quieres conocer las otras razones te ruego mirar el documental de Morgan Spurlock “Super size me”, 2004. Y la película “Fast food Nation” de Richard Linklater. www.fastfoodnation-lefilm.com

viernes, enero 18

La Sencillez Voluntaria contra el consumismo

En los países ricos el crecimiento económico es un sedativo político que ahoga cualquier contestación, afirma George Monbiot (1). Quién además advierte: «Cuidado, si usted es una persona sensible mejor deje de leer este artículo pues me preparo a romper el último tabú universal: Espero que la recesión predicha por algunos economistas llegue a realizarse. Reconozco que será doloroso, estoy consciente de que aquello provocará la pérdida de trabajo y hasta de vivienda. No trato de negar estos problemas pero quiero que entiendan que son la consecuencia de una economía concebida para maximizar el crecimiento y no el bienestar social. El sufrimiento también es resultado del crecimiento económico. El cambio climático es más que un malestar pues amenaza la vida de muchísimas personas. Cualquiera sea su esfuerzo por reducir las emisiones de gas a efecto invernadero, ninguna nación ha dejado del lado su crecimiento económico, incluso sabiendo que ningún país ha logrado reducir dichas emisiones y mantener su crecimiento económico al mismo tiempo. Una recesión en los países ricos puede ser la única forma de evitar las catástrofes naturales que suscitará el cambio climático.» Nos venden el crecimiento económico como sustituto a la igualdad de ingresos: Mientras haya crecimiento hay esperanza y aquello hace tolerables las grandes diferencias. Lamentablemente, el discurso político les pertenece a quiénes creen que la acumulación de dinero genera felicidad (1).

Fundado sobre el consumo a ultranza, nuestros sistemas económicos destruyen el medio ambiente y nos separan de las necesidades reales. Hace algunas décadas, tener un teléfono celular, conducir un automóvil, tener televisión por cable, eran lujos. Muchas cosas se han democratizado (2), es decir que ahora son accesibles a grandes mayorías. Ese es nuestro mundo, el del consumo, en dónde todo parece accesible. Nos hemos convertido en grandes derrochadores mientras que las grandes necesidades como la salud, la educación, la justicia siguen siendo los bienes de un grupo muy reducido. El consumo nos ha hecho creer que ya no somos pobres, que podemos tener lo que antes habíamos soñado; lo que no nos damos cuenta es que ésto es un espejismo; nos creemos ricos porque nos procuramos las cosas que nos vende el mercado sin darnos cuenta de que en el fondo seguimos careciendo de lo fundamental y aún peor, que estamos destruyendo el planeta.

Nuestros sistemas políticos reposan sobre el crecimiento económico tal cual es medido por el producto interno bruto que no depende sino del aumento de los gastos de consumo. El crecimiento económico es necesario para pagar los servicios de las deudas y el Estado-providencia. Si la gente dejase de consumir, la economía terminaría por derrumbarse. La publicidad y el marketing tienen por único objetivo velar para que sigamos consumiendo y que nuestros hijos e hijas sigan nuestro ejemplo. Este sistema económico con su costo para el medio ambiente está profundamente enfermo. Es inquietante ver que seguimos consumiendo aún cuando eso no nos hace felices. Estudios han mostrado que la gente sabe perfectamente cuales son las fuentes de una realización durable pero una alianza de intereses políticos y económicos nos distrae con el único objetivo de hacernos trabajar más para seguir gastando. La industria del divertimento no se ha fijado por objetivo despertar ni emancipar a sus clientes, éstos no se supone que deban preguntarse el porqué tienen que comprar el último modelo de televisión o la más moderna PlayStation, ni si es realmente agradable hacer cola detrás de muchísima gente en las cajas de los centros comerciales; sólo deben hacerlo y pagar. Y lo hacen y pagan. Aparentemente la tranquilidad, el retorno a la naturaleza, el tiempo compartido en convivencia no hacen parte del programa de nuestras sociedades que nos imponen el círculo vicioso del consumismo: trabajar demasiado para poder gastar muchísimo en entretenimientos en lata y bajo etiquetas.

La mayoría de nosotros y nosotras reconocemos que se imponen grandes cambios en los modos de vida sin embargo, seguimos esperando a que sea otro u otra quiénes den el primer paso. A principios de 1940, el gobierno británico pudo reducir considerablemente el consumo del país no gracias a la buena voluntad del pueblo sino a una gran campaña publicitaria combinada a un sistema de racionamiento y de impuestos a los productos de lujo. Eso es algo que se debería hacer ahora pero ningún partido político quiere decirlo. (1)

Ha sido una gran alegría saber que en todo el mundo ya existen personas cansadas del estrés cotidiano y de las compras. En los EEUU son llamadas down-shifters o downsizers : desaceleradores o adeptos al decrecimiento económico. Son personas que han decidido cambiar el dinero por tiempo. Puede sonar idílico pero es más saludable hacer cosas que nos placen que dedicar todo nuestro tiempo a ganar frenéticamente dinero para luego gastarlo del mismo modo. Los desaceleradores cuestionan todo lo construido alrededor del sueño americano. Viven en las grandes ciudades o en los campos, atraviesan generaciones y hacen parte de muchas profesiones; hablan de libertad, de redescubrimiento de los gozos sencillos, de bienestar, de armonía. Saben que menos puede ser más. Aspiran llevar una vida que tenga sentido. Liberados del yugo de la rutina capitalista trabajan menos y gastan menos y lo hacen de forma más constructiva. Los adeptos a la sencillez voluntaria (3) forman una fuerza social poderosa pero muy poco conocida. Lejos de ser la renuncia al materialismo, una visión romántica de la pobreza o incluso, una privación autoinfligida, la filosofía de la sencillez voluntaria consiste en vivir según sus medios y sus valores; consumir productos no industrializados, contar con un solo automóvil en la familia, ir a la escuela o al trabajo a pie o en bicicleta, no renovar constantemente la vestimenta o la decoración de la casa. Tener un comportamiento respetuoso del medio ambiente no es ni difícil ni molesto y además se convierte en una base sólida que determina el resto. Este es un gran cuestionamiento a la idea largamente compartida de que más es mejor que solo suficiente.

Que el rechazo al consumo puede llegar a derrumbar la economía de un país demuestra hasta qué punto las fuerzas del mercado controlan las naciones. Deberían ser los ciudadanos quiénes dirigen sus vidas y se trazan prioridades. Es correcto pensar que para un trabajo vale más elegir a quién tenga por único objetivo ese trabajo, pero no es menos cierto que aquellas personas que trabajan menos horas a la semana pueden concentrarse mejor pues tienen tiempo para recuperarse. No tener perspectivas profesionales o carrieristas no significa no tener ambiciones porque éstas pueden estar centradas en cosas fundamentales y de influencia trascendental para la humanidad y el planeta.


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(1) Courrier International N°896, del 2 al 9 de enero de 2008, Europa.
(2) Dicha democratización se logra a través de una producción excesiva y se basa en: el vaciamiento de los mares por la pesca a gran escala, el trato insalubre de animales de consumo; las pésimas condiciones de trabajo para la mano de obra barata que se consigue implantando fábricas en países en desarrollo, etc. Todo eso permite ofrecer precios accesibles a las clases medias. A eso le llaman democratización.
(3) Expresión creada por Duane Elgin en 1981 para definir las acciones que hacen quiénes quieren vivir mejor con menos, consumir de manera responsable y hacer una examen de sus vidas para determinar aquello que es importante y aquello que no lo es.



lunes, enero 14

Sobre la religión, el Cristo en la Cruz y el Sacrificio

Creo que si se quiere creer en Cristo mejor es comprarse una buena(1) Biblia, leerla y tratar de interpretarla personalmente, claro tratando siempre de mantener la autocrítica. No me gustan las religiones sin embargo, no puedo hablar en particular sino de la que conozco mejor que las otras puesto que fui educada en ella: la religión Católica. El Cristo en la Cruz es una manera muy eficaz para someter a los creyentes : “He aquí el mayor ejemplo de amor : el sacrificio de Cristo”. De forma que todo ser humano pecador, deberá pagar con su vida entera el amor de Cristo, el inmenso sacrificio suyo por nosotros y nosotras. Así aprendemos a aceptar el dolor en carne propia para hacer como el Cristo que nos enseñaron(2): el sacrificio.

Estoy segura de que el sacrificio no es amor, ni que el amor signifique sacrificarse. Creo que cada ser humano es soberano de sus decisiones y si yo admiro el personaje de Cristo es por su coraje no por el tamaño de su sacrificio. Felizmente conocí la corriente Católica Latinoamericana llamada Teoría de La Liberación(3); gracias a ella yo pude ver al Cristo de un modo totalmente distinto de aquél que me habían enseñado en la escuela. Esta nueva interpretación me mostró un tipo valiente, firme, capaz de cumplir con su palabra, auténtico y honesto. Desde entonces nunca he vuelto a creer ni a aceptar a ese Cristo víctima que desde hace siglos, ciertas personas del Poder han inventado para mantener a los pueblos dominados y sumisos. Yo no acepto el sacrificio de ningún tipo, yo no me sacrifico jamás. Soy consciente de que lo que hago, soy yo quién decido hacerlo, incluso si mi vida entera de eso depende. Nada ni nadie me obliga, siempre elijo. A eso le llamo yo ser responsable. Esta idea de responsabilidad la aprendí gracias a Nietzsche. Un gran pensador que, desgraciadamente, no pudo deshacerse de lo mítico de las creencias religiosas; él inventó otros dioses y quedó, por desgracia, sumergido en los mitos(4).

Jacopin(5) decía que existen dos maneras para concebir los mitos : la primera es de modo positivo, es decir, al estar de acuerdo ; la segunda es el caso inverso, de modo negativo, es decir, rechazando el mito. En ambos casos, al aceptar o negar, el mito se mantiene. La única forma de romper un mito es la no creencia, de forma que ya no luchemos ni por ni contra, simplemente porque ya no creemos en el mito. Aprecio mucho lo que La Teología de la Liberación me permitió ver, sin embargo, ya no soy ni creyente ni católica pues soy consciente del grado humano en la invención de los mitos. Quién sabe si existe un Dios en el Universo. Puede ser que sí y puede ser que no. Aquello no me causa grandes conflictos. Pero si existiese un Dios, yo prefiero concebirlo como el Cristo que lucha, que escoge morir por sus ideas porque es fiel a sus principios y no porque quiere someter a los demás a través de la manipulación afectiva, el chantage emocional y el sacrificio.
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[1] Al decir buena quiero decir que dicha Biblia debe ser una reproducción muy cercana a la original.
[2] Heredaron.
[3] Movimiento teológico cristiano nacido en la América Latina de los años 60 (1960). Propone una nueva lectura de los Evangelios fusionando el proyecto divino y la lucha contra la opresión y la explotación de los pueblos.
[4] El mito en las sociedades humanas, es una explicación verdadera o falsa a hechos y fenómenos del mundo. Que la mitología no corresponda a una realidad no es importante, la gente cree en ella y esa misma gente hace parte de un grupo social que cree en eso. Hacen parte de un sistema* coherente que funda la concepción de un tipo de universo. Lo importante no es lo verdadero o lo falso de un mito sino el acuerdo entre la gente que lo comparte. C. Lévi-Strauss, 1958.
*Sistema: conjunto de gente que vive en grupo y que comparte las mismas concepciones del mundo y sus fenómenos.
[5] Pierre-Yves Jacopin, Antropólogo. Discípulo de Lévi-Strauss y Profesor del Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL). Mi propio Maestro de Antropología.

viernes, noviembre 23

De la religion, le Christ sur la Croix et le Sacrifice

Je crois que si l’on veut croire en Christ, il vaut mieux s’acheter une bonne Bible, la lire et essayer d’en faire une interprétation personnelle, toujours en essayant de se « mettre en abîme »(1) , c’est à dire, en prenant du recul pour se faire des idées propres.

Je n’aime pas les religions mais je ne peux parler particulièrement que de celle dans laquelle j’ai été élevée : La religion Catholique. Le Christ sur la Croix est une façon excellente pour soumettre les croyants : « Voici le plus grand, le meilleur exemple d’amour : le sacrifice de Christ… » Et nous tous, pêcheurs devons payer avec toutes nos vies son amour, son sacrifice. C’est comme cela que nous apprenons à accepter toutes les misères pour faire comme lui, comme le Christ qu’on nous a appris(2) : le sacrifice, le mal sur notre propre peau.

Je suis certaine que le sacrifice n’est pas de l’amour, ni que l’amour signifie se sacrifier. Je crois que chacun est le souverain de ses décisions et si j’admire le personnage du Christ, c’est pour son courage. Heureusement, j’ai connu la courante Catholique Latino-américaine de la Théologie de la Libération(3) ; grâce à elle, j’ai pu voir le Christ différemment. Cette interprétation m’a montré un type courageux, ferme, capable de tenir sa parole ; fidèle à lui-même et honnête. Ensuite, je n’ai plus voulu jamais accepter ni croire dans ce Christ victime que, depuis de siècles, certaines personnes du Pouvoir, ont inventé pour maintenir les peuples soumis et dominés.

Je n’accepte plus le sacrifice, je ne me sacrifie jamais. Je suis consciente que ce que je fais, c’est moi qui décide de le faire, même si ma vie entière en dépend. Rien ne m’oblige, j’ai toujours le choix. C’est ce que j’appelle être responsable. Cette idée de responsabilité je l’ai apprise grâce à Nietzsche. Un grand penseur qui, malheureusement n’a pas pu se défaire de la façon mythique des croyances religieuses ; il a inventé d’autres dieux, il est resté, par malheur, submergé dans les mythes(4) .

Jacopin(5) disait qu’il y a deux façons de concevoir le mythe : de façon positive (en étant d’accord), ou de façon négative (en le refusant). Dans les deux cas, qu’on accepte ou qu’on refuse le mythe, on fait toujours partie du groupe mythique que Jacopin appelle « système(6) ». La seule façon de sortir du mythe est de ne plus croire du tout : de la sorte, on ne se battra plus ni en faveur ni contre.

J’apprécie ce que cette doctrine latino-américaine m’a permis de voir, cependant, je ne suis plus ni croyante, ni catholique puisque je suis consciente du degré humain dans l’invention des mythes. Qui sait s’il y a un Dieu quelconque ? Peut-être que oui, peut-être que non. Cela ne me pose pas vraiment de problème. Mais s’il y en a un, je préfère le concevoir comme le Christ qui se bat, qui lutte, qui choisit de mourir pour ses idées parce qu’il est fidèle à lui-même, pas parce qu’il veut soumettre les autres à travers la manipulation affective, le chantage émotionnel et le sacrifice.
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[1] Pierre-Yves Jacopin.
[2] Transmis.
[3] Mouvement théologique chrétien né dans l’Amérique Latine des années 60. Il propose une lecture nouvelle des Evangiles, dans laquelle on fusionne le projet divin et la lutte contre l’oppression et l’exploitation des peuples.
[4] Le mythe dans les sociétés est une explication, vraie ou fausse, à des faits et phénomènes du monde. Que la mythologie ne corresponde pas à une réalité n’a pas d’importance, les gens y croient et ils sont membres d’une société qui y croit, ils font partie d’un système cohérent qui fonde la conception d’un certain univers. L’important n’est pas le vrai ou le faux mais l’accord entre les gens qui partagent le mythe. C. Lévi-Strauss, 1958.
[5] Pierre-Yves Jacopin, Anthropologue, élève de Lévi-Strauss, Professeur de l’Institut des Hauts Etudes de l’Amérique Latine et mon propre Maître d’Anthropologie.
[6] Système : ensemble des gens qui vivent en groupe et que partagent la même conception du monde et des idées du monde.