lunes, mayo 21

El cuerpo y sus formas

Alguien me había dicho una vez que el modelo en el desnudo no era sino la cosa a representar; que un artista ve un modelo desnudo como ve cualquier otro objeto de arte. Sin embargo, tratándose de cuerpos humanos, las cosas me han parecido diferentes.

Yo pienso que existe algo así como una conexión entre los seres, así como también existe una conexión entre las cosas y los seres. Creo profundamente que todo comunica y que podemos leer en todo lo que está a nuestro alrededor.
Es cierto que me gusta reproducir lo que mis ojos miran. Esas personas que posan para nosotros, nosotras, artistas, me dicen muchas cosas. Hay tanto para descifrar en sus miradas pero sobretodo en sus cuerpos.

Lo que más me gusta de las personas que modelan para desnudos es su sencillez. Ahí, en el taller colectivo dónde yo les encuentro, hombres y mujeres llegan con gran naturalidad. Y sin embargo, lo que hacen, no es algo que lo haría o lo hace la mayoría de la gente. Ellas y ellos se desvisten para mostrar sus formas en el mínimo detalle a un grupo de varios artistas. Una persona desnuda en medio de muchas miradas que toman medidas, que buscan ángulos, que tratan de plasmar nuevas sensaciones en trozos de papel o de tela, o en montones de arcilla. Ahí desfilan hombres y mujeres de formas muy diferentes, de todos los colores, de tallas distintas, de tipos de piel varios, de todas las edades.

Poco a poco, he ido comprendiendo aquello que yo misma experimento mientras les dibujo o les pinto: su desnudez me transmite libertad.
Es cierto que los vestidos nos cubren del frío, nos protegen del sol. Pero esos vestidos hacen parte de la máscara que todos nosotros y nosotras, gentes del mundo, aprendemos a llevar desde la infancia. Crecemos aprendiendo a esconder nuestra naturaleza, a tener vergüenza de ser vistos desnudos y desnudas; aprendemos a mostrar lo que es mostrable en sociedad y a avergonzarnos de aquello que es diferente, de eso que no entra en las costumbres o en la moda.

Trabajé, hace ya algún tiempo, en el medio de la moda, en mi país natal, el Ecuador, en América del Sur. Estuve acostumbrada a cierta desnudez ya que hombres y mujeres compartimos vestidores antes de subir a las pasarelas. Aquella desnudez, empero, permanecía privada, entre nosotras y nosotros modelos de moda. Pero la desnudez no era la misma, en aquel medio valía más guardar las formas adecuadas al mercado de la moda, a lo establecido por los medios visuales.
Todas las formas y todas las tallas no entran en ese medio tan restringido. Y sin embargo, los cuerpos de los modelos son patrones que se imponen en todas las sociedades del mundo. Cada cuerpo mirado a través de las pantallas de televisión, sobre los afiches o en las revistas, son formas parecidas, rara vez espontáneas, naturales, auténticas o diferentes.

En el planeta Tierra hay muchísima gente. Existen asímismo, una infinidad de cuerpos con formas muy diversas. Es por esta razón que representar el cuerpo en todos sus estados me ha cautivado tanto. Poder representar aquello que rara vez se representa, mostrar aquello que no se muestra y que, por lo tanto, no existe a la vista de la gente. Es decir, mostrar al público aquello que se ha reservado a la intimidad de todo el mundo, porque la mayoría de personas no son mostradas en las revistas, ni en las imágenes de TV, ni en los afiches publicitarios.

He querido hacer públicas las imágenes de estos cuerpos porque creo que todo cuerpo puede ser estéticamente observable, que hay una plástica natural en la desnudez humana y que todo cuerpo es hermoso cuando existe armonía entre sus formas.

No he querido modificar los cuerpos de los modelos representados para guardar la fuerza de sus formas.
Me gustaría que a través de mis desnudos lograran mirarse a ustedes mismos. Que liberaran sus cuerpos al mirar estos cuerpos auténticos frente a ustedes.

En mi corta experiencia en el arte del desnudo, he encontrado artistas que plasman en sus obras sus conceptos de belleza, con desnudos de formas siempre parecidas: pechos redondos, cinturas pequeñísimas, caderas generosas.

No busco hacerles soñar los sueños de otros. Yo misma estoy en constante búsqueda. Quisiera mostrarles a mi modo, la belleza que yo encuentro en lo diferente, la espontaneidad, lo natural, lo diverso.

Después de compartir un momento de intimidad con mis obras, me gustaría que se preguntasen lo siguiente: ¿Un cuerpo es bello porque te place mirarlo? ¿o porque ese cuerpo corresponde a aquello que te han dicho que es belleza?
No, no me respondas. Pero no lo olvides tampoco. Es muy importante.


Le Corps et Ses Formes

Lorsque je suis rentrée pour la première fois dans une séance de nu, je me suis confrontée à plusieurs questions. On m’avait préalablement dit que le modèle dans le nu n’était rien d’autre qu’une « chose à représenter », qu’un artiste ne voyait un modèle vivant seulement en tant qu’objet d’art.

Je pense qu’il y a toujours une sorte de connexion parmi les êtres, mais aussi parmi les choses et les êtres. Je crois profondément que tout communique et qu’on peut lire dans ce qu’il y a autour de nous.

C’est vrai, j’aime reproduire ce que mes yeux regardent. Ces gens qui posent pour nous, artistes, me disent beaucoup de choses. Il y a tant à déchiffrer dans leurs regards, mais aussi dans leurs corps.

Ce que j’apprécie des modèles vivants est leur nature simple. Là, dans l’atelier collectif où je les ai découverts, hommes et femmes arrivent avec leur spontanéité remarquable. Elles et ils nous montrent leurs formes dans le moindre détail. Toutes les formes, toutes les couleurs, toutes les tailles, toutes les types de peau et d’âges.

Peu à peu, je compris mieux le bonheur que j’expérimentai en les dessinant : la nudité me transmet beaucoup de liberté.
C’est pourtant vrai que les vêtements nous protègent du froid, du soleil. Mais ils font partie du masque que nous, gens du monde, apprenons à porter depuis l’enfance.

On nous apprend à cacher notre nature, à montrer ce qui est montrable et à avoir honte de ce qui est différent, ce qui ne rentre pas dans les mœurs sociales ou dans la mode.

J’ai travaillé, il y a quelque temps, dans le milieu de la mode dans mon pays natal, l’Equateur, en Amérique du Sud. J’étais donc habituée à une certaine nudité car hommes et femmes partagions les coulisses, avant de monter sur les passerelles. Cette nudité restait pourtant privée parmi nous, les mannequins. Mais c’était aussi une toute autre nudité car il fallait bien garder les formes demandées par le marché de la mode.
Toutes les formes et toutes les tailles ne rentrent pas dans ce milieu si restreint. Cependant, les corps des mannequins sont des modèles qui s’imposent dans toutes les sociétés du monde.

Chaque corps regardé sur les écrans, sur les affiches ou dans les revus sont des formes semblables, très rarement spontanées, naturelles.

Il y a beaucoup de monde sur la planète terre et il y a de même des corps très variés. C’est pourquoi représenter le corps dans tous ces états me semble si captivant.

Je crois qu’un corps est beau lorsqu’il y a une harmonie dans les formes. Je crois que tout corps peu être esthétiquement regardable, qu’il y a une plasticité naturelle dans la nudité humaine.

Je n’ai pas cherché à modifier les modèles représentés, j’ai voulu garder la force de leurs formes et, dans la plus part de cas, de leurs regards.

Je voudrais que vous vous voyiez vous-mêmes dans mes nus. Que vous libériez vos corps en observant ces corps, authentiques, face à vous.

Dans ce petit parcours que je fais dans l’art du nu, j’ai rencontré des artistes qui expriment leurs conceptions de beauté dans leurs nus avec des formes qui se ressemblent : des seins gonflés, des ceintures serrées et des larges anches.

Personnellement, je ne cherche pas à vous faire songer à des rêves de beauté d’autrui. Moi-même, je suis en recherche constante. Je voudrai vous montrer à ma manière, la beauté que je trouve dans la différence, la spontanéité, la nature et la diversité de ces formes.

Après avoir partagé ce moment d’intimité avec mes œuvres, je voudrai que vous vous posiez vous même la question suivante : trouvez-vous de la beauté dans un corps parce que celui-ci vous plaît, ou bien parce qu’il correspond à ce qu’on vous a dit qu’il fallait trouver beau ?

Ne me le dites pas. Mais ne l’oubliez pas non plus. C’est très important.