martes, septiembre 1

EL PROGRESO

Cuando era niña, el futuro se soñaba lleno de tecnología moderna: los dibujos animados, los filmes, todo era imaginado lleno de máquinas capaces de cumplir todos los quehaceres. El futuro se imaginaba encerrado en cápsulas voladoras, dentro de edificaciones altas hasta llegar al cielo, en espacios cerrados. La naturaleza en todo este imaginario no tenía cabida, estaba desprovista de cualquier interés. Veinte años más tarde, todo había comenzado a volverse “realidad”. Las nuevas tecnologías se sobrepasaron rápidamente unas a otras. En nuestros días, la tecnología nos parece capaz de cualquier proeza. Esos sueños de otros tiempos quedaron marcados en el deseo de muchas generaciones. Para muchas de ellas, el progreso no es posible si no a través de un altísimo costo ecológico.

Pero, ¿qué es el progreso?

El progreso nos parece pertenecer únicamente a los países ricos, es por esta razón que todos los países en vías de desarrollo se apresuran para alcanzar el mismo nivel de “paraíso”: se llenan de aparatos y de máquinas de alta tecnología esperando verse en fin liberados de sus estatutos de países en subdesarrollo. Pero, nada qué hacer, los países ricos continúan siendo ricos y los países pobres continúan empobreciéndose cada vez más. ¿Cuál es el problema?

El sistema socialista me dirá que se necesita una mejor repartición de las riquezas para que todos los habitantes de la Tierra tengan las mismas condiciones de vida. Pero yo me digo que si la solución está en que todas las personas del mundo vivan de la misma manera en que vive la gente de los países “desarrollados”, necesitaremos más que un solo planeta Tierra para poder lograrlo…

Durante muchísimo tiempo creí que solo el socialismo podría cambiar el curso de los países pobres y de todas las personas empobrecidas del Planeta hasta el día en que me di cuenta de que el problema no estaba solamente ligado a la repartición de las riquezas sino y, sobretodo, a la concepción misma de riqueza.

En la ciudad donde yo vivo se está construyendo el más grande hipermercado de la región, las tiendas de automóviles compiten con frenesí para ver cuál de ellas llega a construir la mejor y más grande vitrina de exposición y de venta; se han echado a bajo las grandes y viejas casas históricas para amontonar en sus lugares, numerosos departamentos y casas de “ciudad” (a precios exorbitantes, cabe decir). En lugar de las dos antiguas escuelas maternales, se hizo construir una enorme y única escuela: “Antes, en las antiguas escuelas, llegábamos a conocernos (entre maestros y maestras)”, me habían dicho algunos educadores y educadoras: “Sabíamos quién era quién, podíamos hablarnos. Ahora que la escuela ha crecido tanto, a penas si llegamos a vernos de un extremo al otro de la ella…”

Es así como concibe el progreso la Alcaldía de la ciudad en donde vivo. Hace muchísimo tiempo, se creó aquí mismo, en un vasto espacio de bosque “un paraíso en la tierra”; era el lugar en dónde se podía evadir las complicaciones de la gran ciudad para cargarse de la magia de la naturaleza. El sitio está actualmente en ruinas incluso tratándose de un área protegida. La vida en mi ciudad se parece cada vez más a la vida de las grandes ciudades, la circulación es excesiva para la infraestructura pues el número de habitantes ha aumentado considerablemente en muy poco tiempo. La mayoría de gente que nos gobierna, creció concibiendo el progreso alejado de la naturaleza: hay que construir muchas vías rápidas para todos los automóviles que hay que fabricar y vender, hay que hacer enormes edificios, suprimir los arboles, los jardines y los bosques, ¡hay que llenarnos de tecnología moderna!

Quiénes viven en los países del Tercer Mundo tienen todavía mas dificultad, que quiénes viven en los países desarrollados, para comprender y para aceptar que nos hemos equivocado de «progreso», que hemos concebido la riqueza equivocadamente, que hay que rehacer todo de nuevo: se necesita inventar otro desarrollo, hay que investir en otras riquezas. Habrá que reflexionar profundamente en esto, pues cada vez que se «democratizan» las pretendidas riquezas, la devastación de los recursos primarios se vuelve fatal: los ríos y los océanos comienzan a carecer de pescado, bosques enteros están desapareciendo y con ellos el equilibrio de nuestro frágil ecosistema. Mucha gente continua negándose a aceptar que nuestra supervivencia está ligada a la conservación de la naturaleza, pero ese rechazo se hace cada vez menos sostenible frente a todos los testimonios de todos los horizontes del mundo en dónde nuestro impacto ecológico no consigue ya ser disimulado.

Después de todo, con todo ese desarrollo, con todas esas grandes infraestructuras, con todas esas tecnologías modernas, los países ricos no consiguen calmar la desesperación de sus pueblos: la gente se mata, se hace daño, son infelices… Estamos invadidos e invadidas de cosas inútiles que nos distraen durante muy poco tiempo, el tiempo en que las novedades bajen de precio y se vuelvan accesibles a nuestro presupuesto, es decir hasta que todo lo superfluo se “democratice”. Si en lugar de hacer construir una sola y grande escuela, el alcalde de mi ciudad hubiera hecho construir una tercera escuela de talla “humana”, hubiésemos podido esperar que la calidad de las relaciones humanas mejore, que los niños y niñas gocen de espacio suficiente, de tiempo y de calma para poder encontrarse, conocerse y aprender juntos unos con otras en armonía.

La verdadera riqueza está ligada a la naturaleza pero además, a la calidad y al uso que nosotros hacemos de ella, de las infraestructuras y de las nuevas tecnologías. De todas maneras, ¿quién podría vivir sin una gota de agua dulce? El agua dulce es una fuente perecible, ahora estamos seguros/as de ello. Nosotros y nosotras, hombres y mujeres de la Tierra, estamos ligados a ella como lo está un bebé al cordón umbilical de su madre. No podemos cortar ese cordón, no podemos separarnos de esta Tierra, al menos en vida; pero no podremos seguir así durante mucho tiempo si continuamos vaciándola de todo aquello que ella puede ofrecernos para vivir y desarrollarnos sanamente y en armonía con ella.

sábado, agosto 15

Le mystère de bébés


Dans la chronique « Savoir être » de France Info du samedi 15 août 2009 (1), la Psychanalyste Claude Halmos parlait d’un certain mystère des bébés. On croit que l’enfant arrive à l’âge de la compréhension vers les six, sept ans, lorsqu’il perd ses dents de lait. Cependant, Françoise Dolto (2) avait prouvé que le bébé était en mesure de comprendre lorsqu’on lui parlait. Par exemple, disait-elle, lorsqu’un bébé ne dort pas la nuit, au point de pousser ses parents à consulter un spécialiste, on va chercher à comprendre ce qui l’empêche de dormir. La cause trouvée, il faudra ensuite parler au bébé pour lui expliquer les causes et pour le calmer. Ainsi, même s’il s’agit de choses souvent complexes, expliquées de manière accessible, on peut arriver à libérer le bébé de son angoisse pour qu’il arrive à retrouver le calme de ses nuits.

On demandait ensuite à Mme Halmos, si ce n’était pas le calme que retrouvent les parents, ce qui rendait aussi le bébé calme. Elle répondait en disant que ce n’est pas forcement ainsi. « D’autres parents ont fait des expériences similaires », — racontait-elle —, par exemple, lors d’une sortie la nuit, papa et maman peuvent dire à son bébé : « Tu sais, nous sommes un peu angoissés à l’idée de te laisser cette nuit, mais nous savons que « Claudine » est très gentille avec toi, qu’elle sait prendre soin de toi et que tu passeras une superbe nuit avec elle, le temps que nous rentrions pour te retrouver endormi ». En conclusion, c’est le fait de parler ouverte et honnêtement au bébé ce qui lui amènera le calme et non l’imposition de choses inexpliquées.

Jusqu’où et comment les bébés arrivent à la compréhension demeure un mystère, disait cette psychologue. Ce mystère devient des plus mystérieux du fait que l’on part de la croyance que les personnes adultes arrivent toutes à la compréhension des choses. C’est-à-dire que, nous attribuons à l’âge adulte la capacité de comprendre. Pourtant, il n’y a rien de plus complexe que la compréhension humaine faite de codes compliqués et remarquablement abondants en nombre et en conceptions. Arriver à se comprendre, même entre personnes adultes est largement difficile. La compréhension des choses n’est pas une question liée à l’âge adulte, ni à l’âge tout court, mais à une certaine disposition qui dépend aussi bien de l’ouverture d’esprit que de l’envie. La compréhension n’est pas une chose innée, mais une qualité à développer au fur et à mesure que le temps passe, que notre vie et notre cerveau évoluent.

Ce mystère des bébés devient ainsi moins mystérieux, car il s’agit d’un autre apprentissage de plus, fait depuis l’enfance : la compréhension. Tout apprentissage est maîtrisable, surtout si l’on commence depuis la plus tendre enfance et si on le pratique le plus souvent possible… mystère résolu !

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(1) http://www.france-info.com/spip.php?article316168&theme=81&sous_theme=138
(2) Née le 6 novembre 1908 à Paris, Françoise Dolto exerce son métier de psychanalyste dès la fin de ses études de médecine et de son analyse personnelle (1939) jusqu'à un mois avant sa mort, le 25 août 1988. http://www.dolto.fr/multimedia/bibliographie.php

El misterio de los bebés


En la crónica “Saber ser” de France Info del sábado 15 de agosto de 2009, la Psicoanalista Claude Halmos hablaba de un cierto misterio de los bebés. Decía que se cree que los infantes llegan a la comprensión entre los seis y siete años, cuando pierden sus dientes de leche. Sin embargo, Françoise Dolto (1) había probado que los bebés estaban en la capacidad de comprender cuando se les habla. Por ejemplo, decía Halmos, cuando un bebé no puede conciliar el sueño, al punto de llevar a su padre y a su madre a consultar un especialista. Lo que se hará, será buscar las razones que impiden al bebé dormir. La causa encontrada, habrá que hablarle al bebé para explicarle, para calmarle. E incluso, tratándose de cosas complejas, explicadas de modo accesible, se puede llegar a calmar al bebé de la angustia para que pueda encontrar la calma necesaria para dormir.

Se pregunta entonces a la Señora Halmos si no es la calma encontrada por el padre y la madre, eso que logrará calmar también al bebé. Ella responde diciendo que no es necesariamente por eso: “Otras madres y padres han vivido experiencias similares, por ejemplo una noche en que han planeado salir: —Sabes, —hablándole a su bebé— estamos un poco inquietos de dejarte esta noche pero sabemos que “Claudia” es muy gentil contigo, que sabe cuidarte bien y que tú pasarás una hermosa noche junto a ella, el tiempo que nosotros volvamos a casa.”

En conclusión, es el hecho de hablar al bebé abierta y honestamente lo que le calmará y no la imposición de cosas inexplicadas. Hasta dónde y cómo llegan los bebés a la comprensión sigue siendo un misterio, termina diciendo la psicoanalista.

Ese misterio se convierte en algo tan misterioso porque se parte de la creencia de que las personas adultas pueden todas llegar a la comprensión de las cosas. Es decir que, se atribuye a la edad adulta la capacidad de comprensión y razonamiento. Sin embargo, no hay nada más complejo que la comprensión humana hecha de códigos complicados y notablemente abundantes en número y en conceptos. Llegar a comprenderse incluso entre personas adultas es sumamente difícil. La comprensión de las cosas no es algo ligado a la edad adulta, todavía menos, algo ligado a la sola edad. La comprensión de las cosas es una cierta disposición que depende tanto de la apertura de la mente como de las ganas. La comprensión no es algo dado, sino algo que se debe desarrollar a medida que pasa el tiempo, y que nuestra vida y cerebro evolucionan.

El misterio de los bebés se hace así menos misterioso pues se trata de otro aprendizaje más, hecho desde la infancia: la comprensión. Todo aprendizaje llega a ser dominado sobretodo si se comienza desde la más tierna infancia y si se le practica lo más seguido posible.

¡Misterio resuelto!

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(1) http://www.france-info.com/spip.php?article316168&theme=81&sous_theme=138
(2) Françoise Dolto: 6 de noviembre de 1908 – 25 de agosto de 1988. Médica, pediatra y psicoanalista francesa famosa por sus descubrimientos en psicoanálisis de la infancia. Participó junto a Jacques Lacan en la creación de la Escuela Freudiana de París.
http://es.wikipedia.org/wiki/Fran%C3%A7oise_Dolto

viernes, julio 31

« Planète Terre » en Solde


Mardi 28 juillet 2009.

Ce matin, on parlait sur France Info, des ventes mitigées des soldes d’été en France, en dehors – bien évidement – de la ville de Paris. Depuis que la crise financière a commencé à faire parler d’elle, toute information donnée sur l’économie insiste sur le faible pouvoir d’achat des Français. De mon côté, j’étais plutôt dérangée sur un point dont personne ne parlait en faisant référence aux soldes : les invendus !

Il y a très peu de temps, moi-même, j’avais fait le tour des magasins, voyant la grande quantité de vêtements à vendre qui demeuraient sur les penderies. Il faut dire aussi que ce n’est pas la première fois que je remarque tant d’invendus pendant la période de soldes ; je ne me crois pas tellement que cette histoire de crise et de pouvoir d’achat soit la vraie responsable. Mais allons, ce n’est pas ça qui me dérangeait autant ! Ce qui m’embêtait moi, était le fait de savoir qu’on avait produit en excès et que cet excès invendus serait bientôt remplacé par une autre quantité d’articles, également en nombre excessif, mais différents : la nouvelle collection. A n’en pas douter, une fois de plus, beaucoup d’articles resteront invendus et pourtant, on ne s’arrêtera de produire de plus en plus. Le système marchand suppose salutaire la production massive et refuse une grossière réalité : la dévastation de la Planète Terre, dans la recherche de matière première, la pollution pendant la production et, pour finir, la contamination due à l’excès de déchets… parce que même si tous les articles produits et mis en vente venaient à être vendus, qui et comment pourrait-on stocker autant de choses ? Après avoir rempli placards et étagères, caves, coins et recoins, qui aurait encore besoin de retourner faire de nouveaux achats de toutes les nouveautés, qui seront finalement vendues en soldes en fin de saison?

La production massive m’inquiète autant que la consommation massive. Beaucoup de gens me diront alarmés, qu’arrêter la production signifie laisser sans travail un grand nombre de salariés. Et certes, ils auront raison : ce système s’autodétruit constamment. Pourquoi sommes-nous toujours soumis à cette galère ? Il y a rien qu’on ne puisse faire ?

La destruction de sols fertiles due à la monoculture, nous a remmené à comprendre que la logique de production en masse et en excès, est nuisible pour la nature, nuisible pour les gens qui vivent de la production de leurs terres parce qu’elles terminent par devenir infertiles, nuisible enfin pour le consommateur qui fini par manger des aliments contaminés par des produits chimiques, qui ont favorisé la destruction des sols. Après avoir compris qu’aller contre la nature en pro du système de consommation massive, du marché, de l’enrichissement de quelques uns, est nuisible pour l’humanité, il surgit peu à peu et prend de la force – de plus en plus –, une nouvelle façon de cultiver la terre, une nouvelle façon de vivre du travail de la terre. C’est alors que j’ai pensé à toute ces personnes qui perdraient leurs emplois si on arrêtait de fabriquer toutes ces voitures dont on n’a entièrement pas l’utilité, tous ces vêtements dont plus personne n’a besoin, ni ne peut stocker, tous ces articles inutiles qui finissent tôt au tard dans les poubelles. Je me suis dit que ces gens là étaient comme les terres soumises à la monoculture : dépendants, incapables de s’adapter aux changements, aux besoins nouveaux.

Pourquoi spécialiser les gens à un seul métier ? Pourquoi ne permet-on l’adaptation en permanence aux nouveaux besoins qui surgissent chaque jour ? Après tout, la vie change, la nature change, les gens changent, les intérêts changent. Si le système de production était le reflet de la nature humaine, il serait indéniablement changeant, il s’adapterait aux besoins humains, au lieu des les y soumettre.

Voilà donc la clé du souci : nous vivons pris par un système qui lutte contre la Nature, qui ne travaille ni pour Elle, ni avec Elle. Manon, ma fille de huit ans, me disait ce matin : « Les gens devraient faire comme font les profs de ski : ils ne peuvent pas travailler en donnant leurs cours toute l’année, parce que l’hiver se termine. Le reste de l’année, ils font d’autres travaux. » La cohérence de ses commentaires me laisse toujours fièrement stupéfaite ! Imaginez-vous un instant, quelqu’un qui déciderait d’envahir la montagne de neige artificielle juste pour pouvoir conserver son travail de moniteur de ski tout au long de l’année. La neige artificielle existe, mais elle est si couteuse et si mauvaise pour faire du ski et, l’été est si bon et si chaud que personne – jusqu’à maintenant – n’a pu réaliser ce capricieux projet de ceux qui se sentent incapables – ou qui se voient dans l’incapacité – d’exercer d’autres métiers.

Tout ce que dont nous avons besoin pour sortir de la crise, est de nous adapter et de composer avec la nature, d’arrêter de nous imposer à elle. Il est urgent d’inventer un nouveau système, il nous faut inventer un autre monde, d’autres modes de production, de fabrication et de consommation, qui soient cohérents avec notre nature humaine, qui nous aident à renouer nos liens avec notre Planète Terre. Le système actuel est en crise ? Laissons-le mourir !

miércoles, julio 29

«Planeta Tierra» en Rebajas


Martes 28 de julio de 2009.

Esta mañana, escuchaba en el Informativo, sobre la poca acogida que han tenido los saldos en toda Francia, a excepción —evidentemente— de la ciudad de París. Desde que la ya tan nombrada crisis comenzó a hacer hablar de ella, toda noticia de orden económico no hace más que insistir sobre el escaso poder de compra de la gente. A mí, por el contrario, me molestaba algo de lo que nadie hablaba al referirse a los saldos: los «invendidos». Hace poco estuve yo misma dando vueltas por las tiendas, mirando cuánta cantidad de ropa quedaba en los estantes: muchísima. Valga decir de paso, que no es la primera vez que veo tantos «invendidos» en época de saldos; yo no me creo tanto esto de la crisis y del poder de compra. Pero vamos, no es eso lo que me molestaba. Lo que a mí me molestaba es pensar que se había producido en exceso y que ese exceso no vendido sería reemplazado por otra cantidad de artículos, igualmente en número excesivo, pero distintos: la nueva temporada. Seguramente otra vez quedarán muchos artículos sin vender y sin embargo, se seguirán produciendo más y más, cada vez más artículos de sobra. Pensé entonces en el sistema de consumo que supone saludable la producción masiva pero que relega una cruda realidad: la devastación de la Tierra en búsqueda de la materia bruta, la contaminación durante la producción y, para terminar, la contaminación debido al exceso de basura, de deshechos porque incluso si todos los artículos producidos y puestos a la venta se hubiesen vendido, ¿quién y cómo podría almacenar tanta cosa? Luego de haber llenado armarios y anaqueles, bodegas y rincones, ¿quién necesitaría volver a comprar tantas nuevas cosas que se venderán rebajadas en la próxima temporada de saldos?

La producción en masa me preocupa tanto como el consumo masivo. Mucha gente me dirá alarmada que dejar de producir significa dejar sin trabajo a un gran número de gente. Y tienen razón en esto: este sistema se auto-destruye constantemente.¿Por qué estamos siempre sumidos a esta encrucijada? ¿Acaso no hay nada qué se pueda hacer?

La destrucción de los suelos fértiles, gracias a la mono-cultura nos ha llevado a entender que la lógica de la producción en masa —y desmedida— es nefasta para la naturaleza, nefasta para quiénes viven del cultivo de su tierra que termina por volverse infertil, nefasta para el consumidor que termina comiendo alimentos contaminados en productos químicos que han aportado a destruir los suelos. Luego de haber entendido que ir contra la naturaleza en pro del sistema de consumo masivo, del mercado y del enriquecimiento de unos pocos, es nefasto para la humanidad, va surgiendo poco a poco, y cada vez tomando fuerza, otra forma de cultura de la tierra, una nueva forma de vivir del trabajo de la tierra.

Entonces pensé en toda la gente que perdería su empleo si se dejasen de fabricar todos los automóviles que no se necesitan fabricar, todas las ropas que nadie necesita o puede almacenar, todos los artículos inútiles que terminan en los basureros, y me dije que esa gente era como la tierra sometida a la mono-cultura: dependientes, incapaces de adaptarse al cambio, a necesidades nuevas. ¿Por qué se especializa a la gente en una sola labor? ¿por qué no se le permite adaptarse constantemente a las necesidades que surgen cada día? Después de todo la vida cambia, la naturaleza cambia, la gente cambia, los intereses cambian. Si el sistema de producción sería reflejo de la naturaleza humana, sería indudablemente cambiante, se adaptaría a las necesidades humanas, no les sometería.

Encontré ahí la clave del problema: Vivimos atrapados bajo un sistema que lucha contra natura, que no trabaja ni en pro ni con ella. Manon (mi hija de ocho años) me decía esta mañana: “La gente debería hacer como los profesores de esquí, ellos no pueden trabajar dando clases de esquí todo el año, porque el invierno se acaba. El resto del año trabajan haciendo otras cosas.” La pertinencia de sus comentarios siempre me deja estupefáctamente orgullosa u orgullosamente estupefacta. ¡Cómo tiene razón! Imagínense a alguien que, por asegurar su trabajo en el esquí, decidiera invadir la montaña de nieve artificial todo el año para poder ejercer “su trabajo”. La nieve artificial existe, pero es tan costosa y tan mala para esquiar, y el verano es tan cálido y tan bueno, que nadie —hasta ahora—, ha podido realizar el caprichoso proyecto de quiénes se sienten incapaces —o se ven impedidos— de ejercer en otros oficios.

Todo lo que necesitamos para salir de la crisis es adaptarnos a la naturaleza, no imponernos a ella. Es sumamente necesario inventar un nuevo sistema, necesitamos inventar otro mundo, otros modos de producción, de fabricación y de consumo que estén acordes con nuestra naturaleza humana, que nos ayuden a reanudar lazos con nuestro Planeta Tierra. El sistema está en crisis, dejémosle que muera.

jueves, mayo 22

En contra o a favor de la Interrupción Voluntaria de Embarazo

El rol de las mujeres en el mundo ha cambiado muchísimo; nuestras sociedades fueron (desde donde sabemos) dominadas por hombres. Así, las mujeres y los infantes fueron tomados y tratados como seres inferiores. Sus voces no fueron tomados en cuenta a la hora de decidir, incluso sobre aquello que trataba sobre sus propias personas. Una mujer no decidía sobre su vida, todo le era impuesto incluyendo el oficio y la maternidad. Haber conseguido el derecho al aborto, en muchos países, ha sido uno de los grandes logros en pro de la equidad y de la libertad de las mujeres. Dicho de este modo, no me cabe duda alguna de que estoy en total acuerdo con la IVE.

Sin embargo, muchos de los supuestos avances de nuestros tiempos están provocando en el mundo injusticia y sufrimientos. Frente a las crisis actuales, muchos políticos se han puesto en contra del renombrado Mayo 68, fecha que simboliza el tiempo de los grandes cambios en nuestra era. Esos mismos detractores de las Grandes Revoluciones del Siglo XX, promueven ahora el regreso a la moral y a los buenos principios. ¿Cuáles han sido los errores que nos han llevado al fracaso en lugar de a la felicidad y a la justicia?

Sigo creyendo que las sociedades totalitarias, conducidas con autoritarismo e intolerancia son sociedades injustas. Haberlas transformado no ha sido un error, el problema es que somos todavía sociedades demasiado inmaduras e irresponsables como para poder asumir los grandes cambios en pro de la libertad y de la justicia, no solo individuales ni solo sociales, sino tanto lo uno como lo otro.

El aborto en muchísimos casos se ha convertido en un método anticonceptivo banal. Cierto, no todas las mujeres han recurrido al aborto así como así. Para muchas mujeres ha sido un duro paso a seguir, el único capaz, en un momento determinado, de darle una solución a una problemática profundamente humana como lo es la de traer al mundo una criatura en circunstancias no favorables y sobre todo sin amor.

Pero en nuestras sociedades actuales todo se ha banalizado. A fuerza de ver matanza, sangre e injusticias en imágenes incesantes, la violencia se ha vuelto cotidiana. Los niños, niñas, jóvenes y adultos juegan a diario a matar frente a pantallas luminosas. Todo se ha vuelto banal, poco profundo. La relación de pareja ha sido reducida al contacto puramente sexual. El aborto, se vuelve el mejor método anticonceptivo en medio de sociedades hipócritas que en lugar de promover métodos anticonceptivos desde la adolescencia y, por qué no, desde la infancia, prefieren condenar a muchas de sus mujeres al embarazo no deseado.

No, la sexualidad no es un delito, y nuestras sociedades no lo quieren aceptar. La sexualidad es simplemente humana y debe ser tomada en serio, hablada y discutida en todos los círculos sociales comenzando por la casa. Nuestras sociedades niegan la sexualidad de sus individuos pero a la hora de vender y de comprar, el sexo abunda en las imágenes utilizadas. Así, la sexualidad queda reducida al morbo, a lo pecaminoso y a lo prohibido. Por eso, en lugar de aceptar el deseo mutuo, muchas parejas prefieren dejarse ir en un momento dado, en lugar de tomar las responsabilidades necesarias para que su acto de amor no produzca embarazos no deseados.

En estas circunstancias es difícil para mí ponerme a favor o en contra pues estoy tanto a favor como estoy en contra. Estoy a favor de la libertad de decidir sobre su propia persona. Pero estoy totalmente en contra de todo acto irresponsable que hace que una mujer y/o pareja, en lugar de utilizar métodos anticonceptivos, resuelva los embarazos no deseados con abortos a repetición.

Quizás alguien se atreva a decirme que abortar el número de veces que a una le parezca hace parte de su libertad personal. Estoy absolutamente de acuerdo. Pero toda libertad debe ser consecuente a nuestros actos. El aborto es una intervención compleja, en dónde la vida de una persona está en juego. Segundo, un aborto debe ser practicado durante las primeras semanas, cuando el feto todavía no es un bebé. Una mujer debe saber si quiere o no quiere tener un hijo y no esperar durante meses para decirse que no, cuando ya el feto se ha transformado en un niño.

En todo caso, creo que la mejor manera de prevenir un embarazo no deseado es aceptando la sexualidad como parte de todas las personas, sea cual fuere la edad. La educación sexual debe ser prioritaria. Quizás el gran cambio que deben lograr nuestras sociedades ahora, debe ser el de aceptar la sexualidad de los jóvenes y adolescentes. Se debe de abandonar la idea de virginidad y de mujer ideal, porque estas ideas han hecho que las mujeres latino-americanas se conviertan en unas mojigatas, es decir, mujeres incapaces de asumir su sexualidad. Hay que romper con la idea tonta de que la sexualidad solo les pertenece a las prostitutas. La sexualidad es un bien que nos pertenece a todos y a todas y debemos luchar para que este derecho sea respetado.

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Banal: Intrascendente, vulgar (común) o sin importancia.
Mojigata: Que muestra una moralidad exagerada o que se escandaliza con facilidad. Que aparenta timidez o humildad para lograr lo que pretende. «Mojo» significa gato; la repetición sirve para indicar que la apariencia mansa esconde una persona astuta y traicionera.

lunes, marzo 10

¿Qué es el Mercado?

En el mundo vivimos todos y todas sometidos a una economía de mercado que nos ha transformado en consumidores. Estos sistemas basan el éxito y la felicidad en el consumo a ultranza. Pero, ¿qué tiene de negativo consumir? ¿por qué es tan negativo el sistema de mercado?

Hace mucho tiempo se dividió a la humanidad en dos grandes grupos: capitalismo y socialismo. La derecha se suponde que defiende al individuo, mientras que la izquierda se supone va en pro de lo social, lo colectivo. Sin embargo, no me cabe duda alguna de que el ser humano es tanto SOCIAL como INDIVIDUO. Ambas particularidades nos son propias y tratar de disociarlas ha sido tan nocivo como absurdo. También el MERCADO está profundamente ligado a nosotros y nosotras, seres humanos. El sistema capitalista ha ido triunfando sobre el sistema social, porque se ha amparado de este bien que nos es indispensable.

Los seres humanos vivimos en sociedad pues nos necesitamos unos a otros y otras; no todos somos capaces, ni disponemos del tiempo necesario para crear todo aquello que necesitamos. Así es como, desde siempre, los seres humanos hemos intercambiado en sociedad: tanto ideas, como alimentos, vestidos, utensilios, etc. El mercado era el lugar donde la gente se encontraba; incluso Sócrates desarrolló toda su filosolfía en un mercado. Pero ese mercado del que les hablo era un lugar humano, donde quiénes producían algo se instalaban para venderlo.

Alguien muy observador, entendió la importancia de este medio de interacción humana y lo ha utilizado durante décadas para enriquecerse. Ese alguien se ha llamado capitalismo y ha convertido nuestro querido mercado en un enorme lugar dónde ya nada es vendido por quién lo fabrica, ni tampoco es posible el encuentro cercano entre seres que se necesitan mutuamente. Los enormes hipermercados que invaden cada vez más las regiones del mundo, han absorbido todos los bienes y han ido aniquilando poco a poco a todos los pequeños comerciantes. Los productos han sido estandarizados; ya casi nadie conoce las casi cien variedades de tomates, ni de maíz, ni de papas, ni de nada. La producción local está muriendo en pro de las importaciones de producciones a gran escala que destruyen tanto tierras como poblaciones.

Todos y todas compramos a diario algo para subsistir: necesitamos alimentarnos, vestirnos, educarnos, divertirnos. El mercado no es en sí algo negativo, como tampoco son negativos ni el individuo ni lo social. Lo negativo es la manera en la cuál los sistemas políticos y económicos se han servido ellos.

Mucha gente, por desconocimiento, cree que cambiar la realidad del mercado es una utopía. Sin embargo, las cosas pueden cambiar. No se trata de dejar de comprar ni de producir, se trata de volver a producir e intercambiar a escala humana, entre seres humanos.

Cuando vayas a comprar piensa en ayudar a los pequeños productores e incentiva la producción orgánica. Se trata de salvar la naturaleza porque es gracias a ella que en este planeta hay vida; si seguimos aportando al crecimiento del sistema de consumo masivo, seguiremos destruyendo el único lugar dónde es posible la vida humana: Nuestro Planeta Tierra.